Centro Gallego (Barakaldo)

Si la semana pasada os hablaba de una de las comidas en el Fun&Serious, hoy toca otra. En el segundo día del evento, decidí pasarme por el centro de Barakaldo, en parte para buscar un cajero, en parte para buscar algún sitio para comer. Siempre he oído hablar de los restaurantes gallegos que hay en Barakaldo, dos o tres, pero nunca había ido a ninguno. ¿Qué mejor momento que este para acercarme hasta uno de ellos? Buscando en Google me encontré con el Centro Gallego, situado en la calle Galicia del municipio. ¿Señal de las meigas? Es posible.

Entrada al Centro Gallego de Barakaldo.
Facahda del Centro Gallego de Barakaldo. Fuente: Tripadvisor.

El local está dividido en una zona de bar y un restaurante en la parte trasera del mismo. Cuando llegué estaba todo lleno, pero la camarera me tomó el nombre y me dijo que esperara hasta que hubiese hueco fuera. De esta experiencia concluyo que es mejor reservar antes de ir, no te quedes sin comer. No tardó demasiado en librarse una mesa y aunque un grupúsculo de señoras quería sentarse, la atenta camarera les indicó que estaba reservada. Jijiji, me encanta eso de quitar las esperanzas respecto a sitios donde sentarse. Pequeños placeres de la vida.

Me senté en la mesa, con una caña de Estrella Galicia (obvio) 1906 por la mitad y me dieron la carta. En carta tienen todo lo que se puede esperar uno de un restaurante gallego. Mariscos, carnes, platos típicos… Después de valorar las opciones me decidí por tres platos: caldo gallego (de nuevo, obvio), empanada gallega y chipirones a la plancha.

Calgo del Centro Gallego de Barakaldo.
¡Caldo gallego!

La primera opción era obvia. Me encantan los caldos, lo mejor del invierno. Entrar a un bar y pedir un caldo calentito. El que me sirvieron en el Centro Gallego de Barakaldo tenía la temperatura justa, no parecía el Monte del Destino donde Sauron forjó el Anillo Único. Aunque me gustan los caldos, los gallegos no los tengo muy controlados. Probé el de la Pulpería Florines, pero no recuerdo que fuera así. En este caso es un plato simple, pero terriblemente delicioso. Grelos, patatas y fabes con un caldito de lo más rico. Acompañado con un buen trozo de pan para mojar, gloria bendita.

Empanada gallega.
La pinta de la empanada del Centro Gallego de Barakaldo es impresionante.

Me gustan las empanadas. ¿A quién no? Pero tampoco es que sea un gran experto. Las que suelo comer son las envasadas o las que se hacen en casa con masa de hojaldre de La Cocinera. Entiendo que no son lo mismo. Lo siguiente más cercano eran las pequeñas empanadas uruguayas del, tristemente, cerrado bar Pepe Múgica de Somera. Así que cuando me llegó esta empanada me quedé con la magnífica pinta que tenía. Además, el relleno era una combinación espectacular: cebolla pochada, pimiento asado, tomate pochado, bacalao y bonito. ¡Ñam! No solo eso, la masa era todo lo que necesita una empanada para llevar ese nombre. Dura y crujiente por fuera, pero suave y esponjosa por dentro. ¡Maravillosa!

Fuera de Euskadi no son nada habituales. Dice Arzak que la salsa negra de los chipirones en su tinta es una de las cuatro bases de la cocina vasca. A saber, la salsa verde (de la merluza, por ejemplo), la roja de la vizcaína y la blanca del pil pil. No le voy a quitar la razón porque la lleva. El 90% de los chipirones que he comido en mi vida han sido en su tinta. Un plato muy pintoresco que suele llamar terriblemente la atención de los turistas que se cruzan con una cazuelita de este plato en las barras de los bares o en las mesas de los comensales. Una presentación negra como la brea, pero que suele encandilar a muchos de los turistas que mencionaba. Una de las bases de una de las mejores cocinas del mundo según uno de los mejores chefs del planeta. ¡Como para negarlo!

Chipirones a la plancha
¡Una de chipirones!

El caso es que vi los chipirones en la carta y no me pude resistir a pedirlos. Suelo comerlos, como ya digo, en su tinta (he sido hasta jurado de un concurso de txipirones) y decidí aprovechar para volverlos a comer a la plancha con aceite y sal. También me gustan encebollados, qué duda cabe, pero a la plancha están bien. Y otro gran acierto. Estaban muy ricos y muy bien hechos. No eran chicle, que es el problema que te puedes encontrar con este ingrediente. Totalmente recomendables.

A diferencia de lo que sucedió el día anterior, aquí acerté de pleno. Salí saciado y con una sonrisa en la cara, aunque el precio fuese un poco superior a lo que pagué el viernes (20€ por todo con una caña y un zurito), en este caso totalmente merecido y pagado con gusto. De haberlo sabido… El año que viene si el Fun&Serious vuelve a celebrase en el BEC vendré aquí a comer los dos o tres días del evento. Y con muchísimas ganas. Me dejé muchas cosas por probar, como podéis ver. Principalmente el pulpo y las croquetas. ¡Ay, las croquetas! Un plato básico de la cocina española y las del Florines son apoteósicas, así que habrá que comprobar qué tal salen las de aquí.

Tengo ganas de volver y tengo bastantes excusas. Algunas noches me despierto pensando en la empanada y todo, no digo más. Si estáis por la margen izquierda y no sabéis dónde parar a comer, mi recomendación directa es el Centro Gallego de Barakaldo (C/ Galicia, 3), no os dejará indiferentes.

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