Burbuja hamburguesil

Ya comentaba el otro día el tema de las hamburguesas. Fue mi fallida visita al Old Jack de Barakaldo la que ha precipitado la cadena de sucesos que han terminado conmigo escribiendo este post. ¿Qué pasa con las hamburguesas? Vuelvo a contar toda la historia y pasamos a mayores con la última reflexión del año. Un 2018 que no ha dado todo lo que me hubiera gustado para este humilde Txoko (he comido poco fuera de casa), pero que no ha estado mal en cuestiones culinarias. Solo espero y deseo que el año que entra sea aún mejor.

Hamburguesa Arima en el Tipula

La hamburguesa Arima del otro día en el Tipula (que está en el límite de lo que os cuento hoy)

Desde que era chaval he visto a mi padre detrás de la barra del Alvarito’s Bar en Algorta. Durante muchos años también estuvo mi madre ahí metida (detrás de la barra y en la cocina). He comido muchas hamburguesas en ese garito, he hecho unas cuantas y he servido unas pocas. Supongo (y creo firmemente) que mi gusto por este magnífico plato surge de aquí. Ya lo sabéis. Tengo una categoría en la que quería presentar una al mes, pero no llego a comer tantas diferentes. El caso es que he pasado por casi todos los procesos a la hora de consumir una hamburguesa (me falta el primero de todos, el origen de los ingredientes). La he hecho, la he servido y la he degustado. Incluso he ayudado a realizar la carta (aunque no demasiado). Sé de hamburguesas, al menos de cierto tipo de ellas. Por eso me gusta mucho comparar cuando salgo, sea en Bilbao o en Copenhague. Y por eso me fastidia tanto la moda de las hamburguesas a precios de oro.

Seamos claros, muchas de las hamburguesas que sirven en muchos de los sitios tienen un precio excesivo. Creo que 9€ es pasarse. ¿Y si la carne es de muy buena calidad? Pues me la haces vuelta y vuelta y me la como tal cual. No quiero decir que la carne no importe. Importa y mucho. El 90% de la hamburguesa es la carne y el pan. Pero llega un punto en el que el resto de ingredientes (y las salsas) enmascaran el sabor de la carne. ¿De qué te sirve tener una materia prima de 80€ el kilo si te sabe igual que una 20€ (por poner ejemplos)? La carne tiene que ser buena (obvio), pero sin pasarse con el precio. Lo mismo con el pan. Algunas hamburgueserías se flipan con la carne o con otros elementos del plato (por qué le meten foie es algo que jamás entenderé), pero el pan es de bollo y no del bueno. ¿Merece la pena pagar 14€ por una hamburguesa con un pan regulero? A mi no, la verdad.

Puede que sea un poco tiquismiquis con el tema, pero me enerva mucho. No quiero hablar demasiado del tema porque no lo he probado, pero parece que las hamburguesas del Five Guys (próxima apertura en Bilbao y futuro post del Txoko) tienen un precio un tanto elevado para lo que son y el servicio que dan en el local. Todo empaquetado para llevar, aunque te lo comas en el sitio. Supongo que es la herencia de los locales yankis, pero no lo acabo de ver. Llamadme antiguo si queréis. Un caso que me suele venir a la mente es el del Goiko Grill. Sabéis que me gusta y que me han invitado varias veces a comer ahí. Soy consciente que ese tipo de acciones crean un vínculo con la marca que me hace ver las cosas con un filtro un poco más simpático. Aún así, soy consciente que tienen unas hamburguesas bastante caras (12-14€ de media). También lo defiendo diciendo que están muy buenas, la ración de patatas es más que generosa (y viene incluida en el precio/se paga todo junto) y no son para comer todos los días. De vez en cuando, precisamente por el precio. Si te encaja, el menú del día es algo cojonudo, todo sea dicho, por el precio de una hamburguesa comes sin problemas.

Hamburguesa Tegobi.

Hamburguesa del Tegobi que tengo pendiente de escribir.

Y aquí llega uno de los problemas gordos que veo a la burbuja de la hamburguesa. Salir a comer una hamburguesa con patatas (o alguna racioncilla) y bebida te sale más caro a mediodía que un menú del día en cualquier sitio de la zona. Ya lo comenté en el post del Old Jack que os enlazaba el principio. Me arrepentí terriblemente al día siguiente cuando descubrí el Centro Gallego. ¿De verdad merece la pena ir a comer una hamburguesa cuando por el mismo precio (o menos) tienes dos platos y un postre? Las ocasiones se cuentan con los dedos de una mano. Puedo sonar muy vinagre, pero me duelen un poco este tipo de ocasiones. Tal vez, en fin de semana, sea mejor el menú hamburguesil por que no varía el precio. También a la noche, claro. Puede que esté barriendo para casa por los horarios del Alvarito’s, pero creo que son muy acertados.

Todo esto sin pararnos a hablar de las locuras que hay por ahí que casi parece un gintonic entre pan y pan. Variedades e ingredientes cada vez más exóticos. Combinaciones demenciales para intentar sorprender, pero que pueden caer en la pandilocura. Lo dicho, es posible que sea un vinagres con el tema, pero me preocupa la deriva de esta burbuja que acabará por explotarnos en la cara.

No quiero que parezca que hago una defensa cerrada de las hamburgueserías de toda la vida porque hay algunas que se han estancado, pero hay muchas maneras de evolucionar. De todas maneras, es como pasaba con Picasso, él dominaba todas las técnicas y era un maestro en ellas antes de dar el salto a crear el cubismo por el que se le conoce. Si las bases son sólidas, todo es hablarlo.

Por mi parte, espero disfrutar más de este plato que me encandila en el año que entra. Que el 2019 sea un año lleno de hamburguesas y felicidad absoluta.

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